[Literatura] Historia destacada del taller: "Las Casas de Mi Vida"
- Franco Meza Lopez
- 17 oct
- 4 Min. de lectura
Cada dos semanas, un alumno del Taller de Escritura Creativa compartirá una historia breve escrita durante el año.
Las Casas de mi Vida
de Fabiola Novotny
Recuerdo mi primera casa siendo muy pequeña en el barrio de Miraflores en Lima, Perú calle Gral. Borgoño, todavía la familia estaba completa Mamá Vilma, Papa Emilio y mis hermanas Claudia, Alicia, Viviana y Yo. En ella tuvimos 2 acontecimientos muy importantes, nuestro primer televisor color con motivo del mundial de fútbol, año 1978 y un terremoto en el cual tengo muy presente estar con la niñera y mi hermana Viviana en la terraza y que la escalera de cemento se moviera como una hamaca de lado a lado.
Luego nos mudamos a la calle Ricardo Palma también en el Barrio de Miraflores, mi recuerdo más significativo, el pequeño jardín en la entrada con margaritas y mucha vegetación que hacía que para 2 niñas fuera un lugar mágico de aventuras y fantasías. Tuvimos 1 perro Coker que se llamaba Cherni, no era muy amigable con nosotras.
Si hoy cierro los ojos puedo recordar cada rincón de esta casa y también sentirla como un hogar gracias al amor y el cariño de mi Madre. A mi padre no lo teníamos muy presente, nos decían que estaba "trabajando".
En realidad tuvimos 2 casas y 2 hogares, a media cuadra vivían las hermanas Sotomayor, Gabriela, Sandra y Melisa. En ese hogar tuvimos a nuestras mejores amigas, cómplices de juegos y aventuras. Fueron 5 años de una infancia colmada también del amor que nos daban los Padres y la Abuela Sotomayor.
Como niñas que éramos jugar a la mamá y a la escuela era lo que más feliz nos hacía. Su Madre y su Abuela tenían 2 Volkswagen Beetle, uno rojo y el otro amarillo, estos 2 autos pasaron a ser nuestras casas de juego, 2 matrimonios con muchos hijos, las muñecas y una única hija de carne y hueso, la hermana menor Melisa a la cual teníamos que sortear porque todas la queríamos como hija.
Nuestro hogar familiar poco a poco se fue quedando sin integrantes, mi hermana mayor Claudia se casó a los 19 años, yo tenía 9 y en ese momento junto con mi hermana Viviana nos tomamos este acontecimiento como algo mágico y emocionante. 1 integrante menos en la familia.
Al poco tiempo mi hermana Alicia decide irse a Santa Fe a estudiar. 2 integrantes menos en la familia.
La casa soñada nos iba quedando grande pero para Vivi y para mí era nuestro Castillo, donde festejamos muchos cumpleaños, donde imaginamos, inventamos y creamos un mundo de 2 niñas que no entendían aún el mundo adulto.
No pasó mucho tiempo y mis Padres deciden separarse, 3 integrantes menos. Mi padre se mudó a otra casa.
¿Y nosotras, nuestro Castillo, nuestro jardín mágico, nuestras amigas?
Dos ángeles que siempre habían estado en nuestras vidas aparecen en escena, la Tía Lidia (hermana gemela de mamá) y su esposo mi querido Tío Carlos. Rápidamente organizan la casa de ellos para recibirnos a las 3 únicas integrantes que quedaban de esta familia de 6.
Y allá fuimos, calle Los Ánades en el barrio de San Isidro, volvimos a tener un hogar de 5 integrantes más 1 perro pekinés Kidney y 1 canario llamado Atilio.
En esta casa vivimos nuevas aventuras como por ejemplo separar las cocinas para tener mayor independencia de mis tíos, la nuestra en la terraza donde además de la cocina había varias habitaciones y lugar para juegos. Compartimos la cocina principal los fines de semana y fiestas.
Mi madre y mi tía daban clases de cocina y vendían comida y nosotras 2 niñas inquietas éramos sus ayudantes, asistentes y el entretenimiento de las Sras. que venían a las clases y encontraban a 2 adorables niñas tan predispuestas y educadas.
Otra nueva aventura que se sumó fue los nuevos vecinos, los hermanos Ruyffelaert, Grisel, Willy y Karina. Intentamos inventar un sistema de comunicación desde la terraza de ellos a la nuestra, nuestras madres nos obligaban a estar recluidos a la hora de la siesta. No hace falta aclarar que el sistema nunca funcionó. Pasábamos muchas horas jugando, conversando y bailando en la casa de nuestros vecinos. Mamá Gladys y Papá Juan pasaron a ser tíos y nos consentían sin hacer diferencia con sus hijos.
Llega el año 1985 y la situación del País muy complicada hace que mi madre tome una decisión que nos llevaría a muchos kilómetros de distancia en otro país, Argentina más precisamente a la Ciudad de Santa Fe, la casa de mis Abuelos Maternos Maria y Vicente en la calle Córdoba esquina Lavalle.
Fue muy triste tener que separarnos de la familia y amigos pero con mis 14 años y con la adolescencia corriendo por mis venas entendí que una nueva aventura estaba comenzando. Para Vivi no fue tan fácil, ella lo sufrió un poco más.
La casa de mis abuelos no se parecía en nada a las casas anteriores ya que era una casa de 1 sola planta, antigua, sin jardín y sin mucho espacio para 5 personas, pero era tal el amor con el que nos recibieron, en especial el Abuelito Vicente, un ser único lleno de bondad, amor y con la sonrisa más dulce.
La casa además tenía un local comercial, ocupado en ese momento por el Sr Campañolo. El se dedicaba a reparar televisores y radios, pero ante la necesidad de que mi madre generara ingresos para la familia mi abuelo se lo cedió a mi madre para que instalara una despensa y venta de comida. La casa quedo comunicada a la despensa. Una aventura nueva, ayudar a mamá en el negocio, ahí pude descubrir una de mis primeras vocaciones, la venta.
Esta sería mi casa y mi hogar hasta el año 1995. A partir de entonces nunca más volví a vivir en una casa la vida me llevo a mudarme 12 veces y ya no a casas sino a departamentos.



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