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[Literatura] Historia destacada del taller: "Nafta Gratis"

Cada dos semanas, un alumno del Taller de Escritura Creativa compartirá una historia breve escrita durante el año.



NAFTA GRATIS

de Franco Meza Lopez


En una noche en Villa Riachuelo, Julián se preparaba para otra incursión. Con un jean holgado, una campera negra gastada y zapatillas de correr, aguardaba solo en una esquina, observando el desfile de autos en la calle. Cuando uno intentó estacionar en la cuadra, desenfundó su arma, abrió la puerta y arrancó al conductor de un tirón. Para evitar cualquier resistencia, lo dejó inconsciente de un golpe en la nuca y, sin perder tiempo, encendió el motor y salió disparado.


Mientras tanto, Ivana, su pareja, revisaba con enojo la hora en el patio de su casa. Sentada en la vereda, se distraía mirando un globo de cumpleaños atrapado en los cables. Como un bólido de Fórmula 1, Julián irrumpió en la calle tocando bocina, obligándola a levantarse antes de atropellarla. Molesta pero sin opción, subió al vehículo sin entender lo que pasaba. Eran casi las once y la discusión a los gritos no tardó en desatarse, hasta que ella recordó que debían pasar a buscar a Facundo y Sabrina para ir al boliche de Haedo.


Con los cuatro reunidos, Julián intentaba conservar la calma, pero Facundo, en plena abstinencia, exigía un cigarrillo como un ser irritante. Su carácter explosivo lo empujó a usurpar el volante. Nadie confiaba en él, aunque todos sabían que negarse era provocar una tormenta; la misma terquedad con la que sostenía su relación con Sabrina.


El nuevo conductor emprendió un largo recorrido en busca de un kiosco abierto de madrugada. Atravesaron cinco distritos, pero nunca se detuvieron a cargar nafta, pese a la insistencia de Julián. En cada parada, Sabrina aprovechaba para predicar sobre su “cadena de emprendedores”, ofreciendo cosméticos de dudosa procedencia. Jamás admitía que aquello olía a estafa piramidal.


A las dos de la mañana se perdieron en Ciudadela. Al menos, Facundo había calmado su ansiedad con tabaco. Cuando estaban listos para retomar el rumbo al boliche, una sirena policial quebró la calma. El pánico fue inmediato. Fiel a su cobardía, Facundo salió corriendo y terminó reducido por dos oficiales. Julián, en cambio, aceleró con Ivana y Sabrina aún a bordo, ansioso por vivir la persecución como si fuera una dosis de adrenalina. En su mente delirante imaginaba futuros escenarios: ser capturado, fingir una discapacidad, proclamarse preso político, liderar una banda tras las rejas, convertirse en rey del penal… y morir para transformarse en un santo popular, como San La Muerte.


La fantasía se evaporó con un pitido insistente, la luz roja del tablero parpadeaba, el tanque estaba vacío. Ivana, en un arrebato, tomó el volante intentando chocar contra un árbol para simular demencia, pero ni siquiera alcanzaron, el auto se apagó antes.


Los tres escaparon a pie, dejando la camioneta intacta. En la huida, Sabrina perdió un tacón. Sin medir la urgencia, se detuvo a recuperarlo y fue capturada. La policía ya tenía una orden de arresto en su contra y le adjudicó también el robo del vehículo.


Al amanecer, después de caminar veinte cuadras, Julián e Ivana cayeron rendidos en el césped de una plaza. Entre el cansancio y la bronca, continuaron la pelea: ella lo acusaba de haberla puesto al borde de la muerte, él replicaba que la idea del auto de lujo había sido de ella. Ella lo responsabilizaba por elegir un boliche tan lejano, él por juntarse con una fugitiva. Discutieron sin tregua, hasta que el sol salió sobre sus cabezas.

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1 comentario


Qué buen cuento, se observa un ritmo dinámico y muy realista.

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